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¿Y si mostrarte también tiene un costo? Marca personal, narcisismo y comunicación en LinkedIn

Lo que aprendí al empezar a escribir (y que te va a servir). Una síntesis de lo que fui entendiendo al exponerme en este espacio: lo bueno, lo que duele, y lo que hay que mirar con cuidado.

schedule5 MIN DE LECTURAIDENTIDAD
¿Y si mostrarte también tiene un costo? Marca personal, narcisismo y comunicación en LinkedIn

Lo que aprendí al empezar a escribir (y que te va a servir).

Empezar a escribir artículos para LinkedIn fue un impulso que combinó ganas de compartir con muchas dudas. Lo hablé en terapia y me ayudó a ver mejor desde dónde venía ese deseo: ¿quería compartir ideas o necesitaba validación?

Esa pregunta fue clave. Me ayudó a ordenar lo que quería decir, a ajustar expectativas, y sobre todo, a ser honesto conmigo. Porque sí, los primeros textos tuvieron poco alcance, y claro que eso tocó mi narcisismo.

Pero seguí escribiendo porque el proceso me gusta: investigar, pensar, escribir. Eso me sostiene. Y si bien se siente bien cuando las cosas funcionan, entendí que no todo pasa por ahí.

Este artículo es una síntesis de lo que fui entendiendo al exponerme en este espacio: lo bueno, lo que duele, y lo que hay que mirar con más cuidado.

Lo bueno de mostrarse: ¿por qué sí hacerlo?

Antes que nada: mostrarse también tiene su valor. No todo es vanidad. A veces, compartir lo que sabemos o lo que vivimos puede ser una forma poderosa de sumar al diálogo y de posicionarnos con más claridad en el entorno profesional.

En un mundo competitivo, donde hay más talento que ventanas visibles, la comunicación se volvió parte del trabajo. No solo haces, también necesitas contar qué haces —y por qué eso importa.

Algunos beneficios reales:

  • Visibilidad y posicionamiento: mostrar tu trabajo te pone en el radar de las personas adecuadas.
  • Confianza y autoridad: compartir lo que sabes refuerza tu credibilidad.
  • Inspiración para otros: muchas veces, tus experiencias resuenan más de lo que piensas.
  • Red profesional: cuando hablas con honestidad, atraes a los que están en la misma sintonía.
  • Satisfacción interna: escribir y compartir también puede ser una forma de organizar tus ideas y reconocer tu propio recorrido.

En mi caso, escribir fue una forma de pensar en voz alta y mantenerme cerca de algo que me apasiona. Pero también fue clave entender que la comunicación no es un lujo ni un acto narcisista por defecto. Es, simplemente, parte de cómo nos vinculamos hoy con el mundo profesional.

Las trampas narcisistas: cuando la imagen pesa más que el contenido

Una cosa es querer compartir lo que sabes. Otra, muy distinta, es quedar atrapado en la necesidad de ser visto. Esa es la trampa narcisista: cuando tu valor personal empieza a depender demasiado de cuánta atención generas.

Kohut y Kernberg

Según autores como Kohut y Kernberg, esto puede pasar cuando usamos la mirada de los otros para sostener nuestra autoestima. Si el aplauso llega, nos sentimos fuertes. Pero si nadie reacciona, algo se desmorona adentro. Es un vaivén emocional que agota.

En ese punto, puede aparecer una confusión sutil pero importante:

  • Por un lado, está "la persona que me gustaría ser": exitoso, claro, inspirador, siempre relevante.

  • Por otro, está esa voz interna que juzga sin piedad si estás cumpliendo con esa imagen: si tu post no funciona, si nadie comenta, si no llegaste a las expectativas que tú mismo te impusiste.

Ahí es donde el juego se vuelve peligroso. Porque puedes terminar esforzándote más por mantener la imagen que por disfrutar el proceso o conectar de verdad.

El problema no es querer mostrarte. El problema es cuando esa imagen se vuelve una especie de personaje que hay que alimentar todo el tiempo —aunque ya no tengas ganas, aunque no se parezca tanto a ti.

Y entonces, lo que empezó como comunicación se vuelve actuación. Y lo que era una herramienta, se transforma en máscara.

Saber leer el algoritmo: cómo usar la exposición sin volverse rehén de ella

Hoy, lo que más circula no siempre es lo más profundo. El algoritmo de las redes sociales premia lo que genera clicks, emoción rápida, frases fáciles de compartir. Saber eso no es rendirse: es entender las reglas del juego para no perderse en él.

Porque cuando entiendes cómo funciona, puedes hacer dos cosas importantes:

Regular tu narcisismo

Si sabes que los números no siempre reflejan el valor real de lo que escribiste, es más fácil no tomarlo como un juicio personal. Ni el éxito te confirma todo, ni la indiferencia te borra.

Usar el feedback para crecer (no para depender de él)

El engagement puede darte pistas: qué temas conectan, qué tono abre diálogo, qué partes resuenan. No para adaptarte por completo a eso, sino para afinar tu voz.

Y algo más: no confundas reacción con reconocimiento. Que alguien le dé "me gusta" no significa que te haya escuchado. A veces, las conversaciones más transformadoras no son las más visibles.

El algoritmo no tiene empatía, pero tú sí puedes tenerla contigo. Y si decides mostrarte, que sea con los ojos abiertos, sabiendo que esto también es una práctica emocional.

El lado que nadie te cuenta: exponerte también puede doler

No todo en este juego es crecimiento y reconocimiento. Exponerte también te vuelve vulnerable. A la crítica, al juicio, a la indiferencia. Y eso puede doler, sobre todo si estás poniendo tu valor personal en juego.

Por eso, antes de publicar, pregúntate:

¿Estoy preparado para lo que venga si esto no funciona como espero?

No para callarte, sino para cuidarte.

Sí, construye tu marca. Pero hazlo con conciencia.

  • No todo lo visible tiene valor, y no todo valor es visible.
  • Cuestiona: ¿desde dónde me estoy mostrando? ¿Para qué?
  • Mide tu exposición con criterio: ¿te está trayendo algo real?
  • Aprende a alternar visibilidad con pausa. No todo tiene que ser contado. Uno no tiene que tener una opinión sobre todo.
  • Cuida tu identidad más allá del personaje. Sé estratega, pero no te pierdas de vista.

Usa la exposición como herramienta,
no como refugio.

Ahora que sabes todo esto, sí puedes aventarte

Exponerte no es un camino fácil. Pero tampoco tienes que bloquearte por eso. Se trata simplemente de no ser ingenuo. Ahora que conoces lo que se juega, lo que puede doler y lo que puede ayudarte a crecer, estás en mejor posición para decidir cómo y cuándo mostrarte.

Si decides hacerlo, que sea con honestidad, con estrategia y con cuidado. Porque cuando entiendes el terreno, también puedes protegerte mientras avanzas.

Y entonces sí: escribe, comparte, publica. Pero hazlo desde un lugar donde tú sigas teniendo la última palabra sobre quién eres.

Daniel Alencar

Daniel Alencar

Soy Daniel Alencar, psicoanalista en Ciudad de México. Conozco el lenguaje corporativo porque lo viví desde adentro. Hoy acompaño a quienes los problemas del trabajo ya no explican lo que sienten

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