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¿De verdad quieres emprender? O solo quieres dejar de sufrir en tu trabajo

Emprender no siempre nace del deseo de tener una empresa. Muchas veces nace del cansancio de trabajar para otro. Entender esa diferencia es clave.

schedule6 MIN DE LECTURATRABAJO
¿De verdad quieres emprender? O solo quieres dejar de sufrir en tu trabajo

Emprender no siempre nace del deseo de tener una empresa. Muchas veces nace del cansancio de trabajar para otro. Entender esa diferencia no te dice si debes renunciar, pero es el punto desde donde ciertos movimientos que antes eran invisibles empiezan a ser posibles.

Sales de la junta con el estómago apretado. Te dieron un feedback que no esperabas. No llegó el bono. Cierras la laptop y dos horas después ya estás viendo videos de cómo ser tu propio jefe y dejar la chamba para siempre.

Casi nunca es que quieras tener una empresa.
Casi siempre es que quieres dejar de sentirte como te sientes cuando trabajas para otro.

El emprendimiento puede ser una decisión. También puede convertirse en una fantasía donde depositas la esperanza de resolver conflictos que empezaron mucho antes de abrir una empresa. Cambiar de trabajo puede cambiar tu vida. Pero ninguna empresa puede hacer el trabajo de conocerte por ti.

¿Por qué el empleo se vuelve todo lo malo y emprender todo lo bueno?

En muchas organizaciones pasa algo muy preciso. Sales de un one on one donde te dijeron que tu entrega no estuvo al nivel. O ves en Slack que felicitaron al que siempre saca diez.

Te sientes chico. Expuesto. La cabeza necesita hacer algo rápido con esa incomodidad.

Entonces divide. Pone todo lo frustrante, lo dependiente y lo injusto en un solo lugar: la chamba. Y pone todo lo libre, lo reconocido y lo suficiente en otro lugar: emprender. Un objeto se vuelve completamente malo. Otro, completamente bueno. Sin ambivalencia. Así duele menos.

Klein

Klein describió esa operación como escisión. La idealización que la acompaña no es optimismo. Es una defensa para no tener que pensar lo que está doliendo.

Cuando esa división se instala, la proyección hace el resto. El conflicto deja de interrogarse y se localiza afuera. Ya no es "¿qué me pasa con la autoridad o con sentirme evaluado?". Es "el problema es trabajar para otros".

¿Por qué emprender no siempre quita lo que te hace sufrir?

Porque lo que no se interroga, se repite en otro escenario.

No es que no toleres tener jefe. Aprendiste que ser mirado y evaluado te hace sentir insuficiente. El diagnóstico fácil dice que necesitas autonomía y ser tu propio jefe. La lectura real es que el lugar de ser evaluado te confronta con algo que viene de antes y que la autonomía por sí sola no resuelve.

Por eso hay escenas que se repiten después de emprender.

Quien no toleraba que el jefe lo corrigiera en la weekly, ahora no tolera que un cliente cuestione su propuesta.

Quien buscaba dejar de depender, descubre que ahora depende del flujo de caja, del algoritmo, de que le contesten un correo.

Quien esperaba por fin sentirse reconocido, sigue sintiéndose insuficiente aunque ahora su nombre esté en la factura.

Hay una imagen brillante circulando en Instagram, en podcasts, en libros de negocios. El emprendedor que dejó todo, se levantó temprano y ahora es libre y factura. Esa imagen empieza a funcionar como medida de lo que deberías ser. Si no te sientes suficiente en tu chamba, esa figura te promete reparación. No solo éxito. Te promete dejar de sentirte insuficiente.

Freud

Freud llamó Ideal del yo a esa instancia que te mira desde arriba y te dice cómo tendrías que ser para volver a valer. Cuando emprender ocupa ese lugar, ya no es un proyecto. Es una exigencia imposible.

¿De dónde viene esa urgencia de irte para sentirte suficiente?

No empezó en este trabajo.

Mucho antes de tu primer Slack, aprendiste qué tenías que hacer para ser mirado y valorado. Tal vez era sacar diez. Tal vez era no dar problemas. Tal vez era adaptarte rápido.

No fue una mala decisión. Fue una solución inteligente a lo que tu entorno pedía. El problema es que esa solución se vuelve traje. Funciona, pero aprieta. Y cuando aprieta en la chamba, la salida más inmediata que ofrece la cultura es: vete. Emprende. Sé libre.

Entender esa lógica no te quita la frustración. Te da un lugar distinto desde donde mirarla. Ver tema relacionado con reconocimiento y autoridad en el trabajo

Desde ahí, algo se vuelve posible.

Puedes preguntarte qué parte de tu deseo de emprender nace de un proyecto que te interesa y qué parte nace de una fantasía de salvación. Puedes preguntarte qué estás ganando al poner todo lo malo en el empleo y todo lo bueno en el emprendimiento. Y puedes empezar a notar qué conflicto se apaga cuando dices "el problema es mi trabajo" — y cuál se queda encendido.

Así que mira tu chamba con otra pregunta. No solo si quieres quedarte o irte. Sino qué le estás pidiendo a la idea de emprender que resuelva por ti.

Si la empresa que imaginas tiene que hacerte sentir libre, reconocido y suficiente para siempre, ninguna empresa va a alcanzar.

Daniel Alencar

Daniel Alencar

Soy Daniel Alencar, psicoanalista en Ciudad de México. Conozco el lenguaje corporativo porque lo viví desde adentro. Hoy acompaño a quienes los problemas del trabajo ya no explican lo que sienten

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